jueves, 28 de enero de 2010

Reglas prácticas para el subrayado

1. Subrayar poco, saltando los elementos secundarios y los vocablos superfluos.
2. Subrayar frases positivas (afirmaciones); cada vez que se subrayen frases negativas, subrayar o resaltar también una negación (el no de las afirmaciones negativas) de manera que al recorrer el texto no nos engañemos.
3. Volver a escribir al lado con nuevas palabras los conceptos expresados en el texto, cuando no resulte posible extraer los vocablos que sintetizan por sí solos el contenido.
4. Si el texto está constituido por una enumeración de ideas, causas, consecuencias u otro tipo de elementos, numerarlos de forma progresiva; pasar entonces de una enumeración a una secuencia.
5. Cuando un texto subrayado es una definición, resaltarla mediante una flecha en el margen. Ante muchos ejemplos, resaltar el más característico con una flecha.
6. Además del subrayado, usar otros signos gráficos que atraigan la atención y que faciliten las actividades que se cumplen para la comprensión. Por ejemplo, unir con una línea ideas similares o contrastadas y poner un signo de interrogación sobre palabras que habrá que buscar en el diccionario o junto a periodos que no resulten claros.
7. Diferenciar poniendo, por ejemplo, entre corchetes los comentarios propios, las críticas y los consensos, para no confundirlos con los contenidos del texto.
8. No usar demasiados lápices o rotuladores para distinguir los subrayados. Alternar, en cambio, dos modos diferentes de subrayado con un solo lápiz rotulador (usando, por ejemplo, una línea ondulada para los datos más importantes y una línea recta para los demás).

Adaptado de: María Teresa Serafini, Cómo se estudia. La organización del trabajo intelectual, trad. Susana Spiegler y Edit Binaghi, reimpr. de la 1ª ed. de 1996, Paidós, México, 2005, pp. 80 y 87.

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